Magallanes
Hazlo, como puedas, pero hazlo
Por: Daniela Vásquez Mansilla
Sicóloga especialista en terapia sistémica
Un parte importante de la procrastinación (posponer tareas pendientes, a pesar de tener la oportunidad de llevarlas a cabo) tiene relación con gastar nuestro valioso tiempo en pensar en vez de accionar.
Más allá de las causas de la procrastinación, muy populares en las redes sociales, como el trauma, la ansiedad o de lleno la cantidad inmanejable de estímulos a los que estamos expuestos diariamente; el resultado tiende a asociarse con la frustración que sentimos al no lograr nuestros objetivos y desperdiciar nuestro tiempo. Porque en realidad, el problema muchas veces no radica en que no estamos haciendo lo que tenemos que hacer (tareas escolares, trabajo, esta columna), si no que ese tiempo libre tampoco lo estamos utilizando cómo realmente nos gustaría.
El mensaje que quiero entregarte hoy, es que al final del día, lo que importa es lo que hacemos. No importa si lo hicimos cansados, desmotivados, con mal humor o, por el contrario: motivados, con ganas, con sentido. Cuando nos acostamos y podemos hacer un balance de nuestro día, lo que importa es lo que hicimos durante nuestra jornada, no lo que pensamos hacer o lo que quisimos hacer.
Como mencioné anteriormente (en otra columna), para implementar hábitos no es necesario tener una gran motivación ni una determinación férrea, sino más bien ser estratégico y dispuesto a llevar a cabo la conducta que deseamos, más allá de nuestro estado mental, anímico y/o energético, sino más bien crear las condiciones, especialmente ambientales, para que podamos accionar de la manera más simple y orgánica.
Obligarse a hacer las cosas puede sonar un poco auto castigador, sin embargo, en nuestro dialogo interno, es importante auto motivarnos, e incluso condicionarnos a nosotros mismos a hacer lo que necesitamos hacer. No tiene que ser con malas palabras, sin embargo, a veces debemos asumir un rol y una voz interna determinante.
Respecto a lo anterior, incluso es importante darle una categoría en nuestra mente a ciertas actividades para que se vuelvan importantes dentro de nuestro quehacer. Por ejemplo, si yo quiero hacer una actividad deportiva 3 veces a la semana, lunes, miércoles y viernes de 18.00 a 19.00 horas, esa actividad en mi agenda (ya sea física o mental) no es un hobbie, ni una actividad extra, ni es reemplazable por otras actividades, por ejemplo, si una amiga me invita a tomar café en ese horario. Esa actividad es una prioridad en mi día igual que asistir a mi trabajo o tal como yo lo he asumido, ese tiempo es “sagrado para mí”. Porque hacernos cargo de nuestro cuerpo, de nuestra mente, de nuestras frustraciones es saludable, es autocuidado, es amor propio, es prevención de todo lo que el estrés crónico puede traernos es un futuro más cercano de lo que quisiéramos. Así que hazlo, como puedas, pero hazlo; y siéntete orgulloso al final del día.




