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Magallanes

Opinión: ¿Por qué la natalidad cae a niveles críticos en Chile?

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Por Ramón Lobos Vasquez.
Médico geriatra y paliativista.

Que “Chile está viviendo una transición demográfica con un acelerado envejecimiento de su población”, es una frase que hace muchos años venimos escuchando y las voces de alerta al respecto se hacen cada vez más fuertes y continuas, ya que el envejecimiento poblacional de una sociedad implica que deben hacerse una serie de ajustes en el trabajo que el estado en su conjunto realiza, tanto en el área económica como en salud; ya que los enfoques y pertinencia de lo que desarrolla está en entredicho si se mantiene realizando siempre lo mismo.

Hemos hablado de optimizar las condiciones de los mayores para que envejezcan mejor y no sean proyectos individuales de vida, que terminan en fracaso o derrota en un envejecimiento activo y terminan siendo un mayor peso para la labor del estado. Por eso, se dice que un peso invertido en prevención tiene más impacto que un peso invertido en tratamiento. Lo mismo ocurre en los mayores: un peso invertido en provisión de envejecimiento activo es mucho más productivo, que esos recursos invertidos en el tratamiento de las consecuencias de un mal envejecimiento.

Por ello, es fundamental lo que se hace por los mayores, no sólo porque hoy son más y tienen un peso importante en la población del país, sino porque el escenario es hacia un mayor peso específico de la población mayor en los años que vienen, los años que están a la vuelta y eso significa que debemos estar preparados para estos cambios. Hoy ni social ni culturalmente estamos listos para ello. Pese a las múltiples voces y alarmas que se vienen sucediendo con más frecuencia e intensidad.

Las últimas alarmas las entrega el INE con su evidencia de la caída histórica de la natalidad. Hemos llegado a cifras alarmantes. Hoy hay menos de un nacido por mujer en edad fértil, la llamada tasa de natalidad, que evidencia el recambio de la población. Una caída tan importante en este índice implica necesariamente una tendencia al mayor peso de la población mayor. A una mayor aceleración del proceso de envejecimiento poblacional. Es una contracción demográfica de las más aceleradas del planeta. Y ya es una preocupación importante para quienes deben tomar las decisiones más acertadas para planificar el futuro del país.

Hoy la pregunta social para la población joven, la que tiene posibilidades de procrear, es si ellos realmente ya no quieren ser padres o bien la pregunta es a la sociedad, porque hemos construido una sociedad donde ser padres se ha transformado en un lujo.  Por lo que la interpelación no solo es individual, sino que a toda la sociedad. Por ello, importan las acciones y políticas que se desarrollan actualmente y con sentido de futuro. A ratos pareciera que socialmente estamos enfocados y centrados en el hoy y en el ahora, y no hemos construido los elementos sociales para pensar en el futuro, ese que está a la vuelta de la esquina.

Y es importante hacer esta reflexión social, porque no todo se puede atribuir a fenómenos de cambios culturales de la población más joven; que son más individualistas, que privilegian el desarrollo personal o profesional, los viajes o la independencia personal. Pero no es la única explicación a tener en cuenta, porque las causas son más extensas y se relacionan con la realidad material que enfrentan millones de personas en nuestro país, especialmente los mayores. Cuando se decide renunciar a la maternidad o a la paternidad, una parte importante guarda relación con las condiciones bajo las cuales esas personas intentan construir una familia.

Chile se ha convertido en un país con mayor costo relativo de vida en América Latina. Hoy el acceso a la vivienda adecuada por parte de una pareja joven exige un endeudamiento por décadas. El arriendo en la población de sectores medios consume una parte importante y creciente de los ingresos familiares. En un país que la solución habitacional llega estatalmente, sólo a los más carentes de la sociedad.

En ese contexto pensar en tener un hijo comienza más bien a verse como un riesgo financiero importante para esas familias. Más aún si se considera la posibilidad de ofrecer bienestar a sus hijos, sigue aumentando el riego financiero de quienes piensan en tener un hijo. Es el costo de formar una familia en el Chile de hoy. Pero por otra parte se ha visto una expansión impensada en el mundo de las mascotas, que de alguna manera es un síntoma de esta realidad. Ya que estas mascotas no reemplazan a los hijos, si no que representan vínculos afectivos que pueden asumirse con niveles de compromiso económico, emocional y temporal muy inferiores a la crianza humana. Una parte importante de la población joven hoy siente que no pueden permitirse hacerlo.

No es la naturaleza humana la que está cambiando, son las condiciones materiales que llevan a que muchos estén renunciando a uno de los proyectos más antiguos de nuestra especie. ¿Qué sociedad hemos construido para que tener hijos se haya vuelto tan difícil?

Esta es una pregunta incomoda, que busca también responder por qué la vejez es una etapa tan compleja en nuestra sociedad hoy. Es tiempo de pensar y actuar en ambas direcciones, complejo y difícil en un país que planifica poco y busca soluciones únicas para cualquiera eventualidad.

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