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Magallanes en 100 Palabras presenta selección de cuentos breves para el día del amor y la amistad

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Diez historias breves, escritas por habitantes de la región, trazan un mapa emotivo en vísperas del Día del Amor y la Amistad, anticipando la nueva versión del concurso.

Con motivo de la celebración del Día Internacional del Amor y la Amistad, este 14 de febrero, el concurso Magallanes en 100 Palabras, presentado por ENAP y Fundación Plagio, seleccionó diez microcuentos dedicados al amor y la amistad en sus múltiples formas. Esta antología reúne historias que capturan encuentros, desencuentros, nostalgias y complicidades situadas en distintos rincones del extremo sur chileno.

Los textos, escritos por habitantes de la región, de distintas edades, abarcan desde relatos de amor surgidos en el paisaje magallánico hasta amistades profundas forjadas en el clima austral, pasando por reflexiones generacionales sobre el afecto, leyendas locales y vínculos inesperados. Cada cuento, con su estilo único, refleja la diversidad afectiva y geográfica de la Región de Magallanes, vinculando lugares emblemáticos como Porvenir, Punta Arenas, Puerto Williams o Navarino con experiencias íntimas y universales.

El concurso de cuentos breves abrirá una nueva edición este 2026, invitando a la comunidad magallánica a seguir compartiendo sus propias historias con creatividad y concisión.

CONOCE LA SELECCIÓN DE CUENTOS BREVES PARA ESTE 14F

Amor magallánico

Uno se acostumbra al viento frío cortante en las mejillas, a la escarcha en la mañana y a los crujidos de las casas por las noches. Uno se acostumbra al paisaje magallánico, al árbol torcido, a la pampa amarillenta. Uno se acostumbra a la rutina tranquila, a los días cortos y a las noches largas. Pero nadie me advirtió que me acostumbraría a tu hablar cantadito, a tus palabras confusas, a tu amor por la isla.

María Possel González, 28 años, Porvenir

Amor patagónico

Con el tiempo descubrí que su amor era como la Patagonia: tremendamente hermoso, pero muy frío.

Macarena Mejías Herrera, 26 años, Porvenir

Te amo, María

Mi hijo termina la conversación telefónica con su compañera diciéndole: «Te amo, María». Me quedo pensando y me digo: yo hubiese dicho «Te quiero, María». Así lo aprendí. El verbo amar era para «amar a Dios por sobre todas las cosas»; para asuntos hermenéuticos, diría mi papá. Algo debe haber cambiado; tal vez se deba a la influencia de las series gringas: «I love you». Tendré que comenzar a usar más el verbo amar. Intentaré con la vieja. Espero que no note nada raro, ni me diga: «¿Y a ti qué te dio de llamarme así, ahora de viejos?».

Marco Antonio Barticevic Sapunar, 69 años, Punta Arenas

La leyenda del beso inconcluso

Cierta noche, fulguroso como un fuego en este árido sur, un amor había surgido entre dos enamorados que se juraban mutuamente la eternidad. Un amor arrebatado por el cruel destino marinero cuando él recibió orden inmediata de embarcarse; mientras ella, desesperada, corrió hasta los muelles. Al llegar, la barcaza justo había zarpado y los enamorados, al verse, hicieron un último esfuerzo para consumar un beso prometido. Mismo que por poco, quedaría a la deriva. Es por ello que los hijos de estas tierras, malditos por ese amor inconcluso, sufren de eterna nostalgia y, para indicar una dirección, estiran la trompa.

José Rubén Meza Álvarez, 37 años, Punta Arenas.

Las olas me hacen recordarte

En la costa magallánica de la pequeña ciudad de Puerto Williams, donde el mar se encuentra con el cielo y las playas son susurros de enamorados los cuales iban y venían igual que las olas, se encontraba un amor. Era una tarde hermosa y a lo lejos se empezaba a posar el cielo rosado, en ese lugar eran libres y solo existían los dos con las olas de testigo mientras todo lo demás desaparecía. Se acercó la noche rápidamente y el día terminó para este amor inolvidable e imposible.

Aracxy Corrales Galindo, 16 años, Navarino.

La Toyotomi

Me enamoré de su olorcillo a parafina y Chanel, me dijo que era de Puerto Montt, ella me preguntó ¿y tú?, le dije… de Punta Arenas. Me dio cátedra de varas de leña, las Toyotomis, la luma y el tepú, cosas del invierno sureño, el vuelo se hizo corto. No me podía creer que aquí abrimos una llavecita de gas y listo. Si no me crees me llamas, le dije.

Sergio Prieto Iglesias, 75 años, Punta Arenas.

Casaca, un artista frustrado

–¡Deberías pegarte con una piedra en los dientes el poder compartir conmigo! –exclamó furioso nuestro amigo Casaca. Esa era una de las tantas frases que acostumbraba a decir el artista. Un hombre disperso, que lucha con dos personalidades: la fama y el trabajador común. Transportándonos un sábado tipo 23:45 en un clandestino de nuestra gélida ciudad, donde él es el amo y señor de las fiestas entregando sus rimas. Para llegar a su máximo esplendor este debe recurrir a ciertos estímulos. Día lunes, 8:00 a. m., se veía a Casaca lánguido esperando el colectivo para volver a su triste realidad.

Consuelo Uribe García, 36 años, Punta Arenas.

Bolita con amor

Bolita es un perrito que nació en las calles de PUQ. Sale a caminar al Cerro de la Cruz con sus amigos perrunos porque le encanta jugar en el mirador. Casi siempre es feliz en la calle, porque no se siente solo. Cuando llueve corre al cerro y salta en charcos. De pronto pasó una familia, le hizo cariño y quiso recogerlo. Bolita se puso feliz, porque lo llevaron a su casa, pero como extrañaba a los otros perritos, la familia lo dejaba salir y él volvía a dormir a su casa. Así tenía libertad y amor al mismo tiempo.

Belén Gatica Cid, 8 años, Punta Arenas.

Mi amigo Pedro

Golpeaba mi puerta y pedía prestado el gualato para hacer un trabajito. Pedro vino de la isla Huar a hacer el servicio militar y aquí se quedó. En la tarde traía el gualato y pedía comida, un traguito, unas monedas para el bus que lo llevara a su rancho. Un día lo seguí. Lo vi tomar la micro frente al parque María Behety. Así llegué a su ranchito embanderado, donado por los carabineros, en la playa de Guairabo. Murió Pedro en el Hogar de Cristo un día nevado. No lo olvidaré, ni tampoco su regalo: una regadera celeste como sus ojos.

Elga Pérez Ferrada, 64 años, Punta Arenas

Pochongo

Mis papás me contaron que fue su amigo, que a veces llegaba sin aviso desde la montaña y les cambiaba carne por cigarrillos o mate. Que siempre fue respetuoso, duro y de pocas palabras. Mi mamá le hacía pan y él le enseñó a jugar truco. Que aparecía y desaparecía como las nubes de lluvia. Que era fuerte y hábil, pero bueno para chupar. Que conocía los ventisqueros mejor que nadie. Que había sido boxeador, pero el cáncer le ganó igual. Que no tenía lágrimas. Eso cuentan. A mí me cuesta imaginar que fuera un hombre de carne y hueso.

Pablo Cifuentes Vladilo, 31 años, Punta Arenas

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