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Magallanes

Un portazo a los adultos mayores

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Por. Ramón Lobos Vásquez.
Médico Geriatra y Paliativista.

La noticia del cierre de la Casa del Samaritano tiene varias connotaciones en torno a la atención de los mayores en nuestra región. No es el primer lugar que cierra por falta de recursos para mantener el dispositivo social. La razón es simple y tremenda. No dan los recursos para mantenerlos, ya que cuidar a un mayor, mientras más viejo o con más dependencia, es cada vez más caro. No alcanza la pensión, no alcanza el subsidio estatal, no alcanzan las ayudas de voluntarios o de insumos que requieren.

El cierre del Hogar Conapran en Natales, el del Hogar de Cristo en Punta Arenas y la actual Casa del Samaritano son versiones de una misma realidad, a esto hay que añadir que el Eleam público de Punta Arenas ya va en el tercer operador después del Servicio de Salud y el resultado operacional es el mismo: no alcanzan los recursos. También hay que dejar en claro que los aportes que el estado hace a través de Senama al Eleam distan abismalmente del exiguo subsidio que entrega a otros dispositivos “colaboradores” en la gestión institucional. Aún así esos fondos tampoco alcanzan.

Sólo un dato relevante, en una reciente contingencia con el gas en el Eleam, se demostró que desde el 2019 no se hacían revisiones al sistema de calderas de la institución. Una necesidad que es prioritaria en el trabajo y que la normativa señala que debe hacerse anualmente. No hay recursos para mantenciones, sin duda es la primera señal cuando los fondos no alcanzan, la última y más evidente es cuando no se pagan las leyes sociales o se retrasan el pago de sueldos, corolario de una espiral que evidencia la falta de recursos.

¿Cuánto cuesta atender a un mayor? Es una pregunta básica y esencial para financiar estos dispositivos. Los gastos dependen esencialmente de la funcionalidad de ese mayor, si es autovalente o requiere asistencias en las actividades de la vida diaria. Es distinto para cada mayor. Y los extremos van desde el autovalente, que es capaz de vivir y desarrollar satisfactoriamente sus necesidades diarias, lo que oscila por los $600.000 mensuales. Y en el otro extremo aquel mayor dependiente, que debe ser atendido en todas sus necesidades vitales y requiere una alimentación especial y cuidados las 24 horas del día y cuya mantención es cercana al $1.500.000 mensual. Estas cifras son la proyección de la valorización de las prestaciones contenidas en las Guías Operativas de los Eleam. Ese es el marco teórico que determina la estructura de costos de un establecimiento de estas características.

Lamentablemente desde su ingreso a estos centros los mayores van viviendo un progresivo deterioro, que tiene su génesis en la falta de intervención en salud de entre 3 a 5 años previos y una falta de intervención social de 7 a 8 años previos. Por eso, los resultados con los años de operación van aumentando, aunque sean los mismos residentes, los costos van aumentando. De ahí que, los presupuestos o subsidios fijos que sólo suben por IPC, no dan cuenta real de los gastos que hay que cubrir. Y es así que la historia sigue este curso: cambio de operadores de estos establecimientos, que van disminuyendo costos fundamentalmente por bajar el precio de los servicios a proveer, especialmente se van adisminuir los sueldos de los trabajadores, constituyendo un desmotivador para establecerse como una fuente laboral permanente.

En el otro extremo, especialmente el de los centros que dependen de los aportes voluntarios o caridad para subsistir, el camino es hacia el cierre -indefectiblemente- de sus funciones. Es luchar contra lo imposible poder mantener aportes que vayan subiendo en el tiempo y que permitan financiar mayores costos. Tarea casi inviable para voluntariados u ONG que dependen del aporte de terceros para subsistir.

De fondo queda claro que el estado chileno no está financiando adecuadamente a sus mayores para sobrevivir en comunidad. Basta visitar un par de casas de mayores para darse cuenta que lo que reciben como jubilación no les permite financiar su día a día, requieren del apoyo de sus familias o cercanos para cubrir sus necesidades. Y si éstos faltan se hace más complejo y difícil. Las historias de sobrevivencia en condiciones inhumanas ya son vastamente conocidas y en su máxima expresión se evidencia en aquellos mayores que son encontrados muertos varios días después por sus vecinos, que no los ven salir de casa.

¿Qué hacer? Hay mucho por hacer y debe ser una tarea prioritaria desde el gobierno central, para mejorar las pensiones de los mayores, pero también disminuir las cargas de gastos para ellos, definir una canasta básica de insumos y víveres para los mayores a un precio diferenciado y accesible. A nivel local son los gobiernos regionales y comunales los más indicados para hacer la diferencia territorial, en torno a los cuidados a proveer a los mayores de esas localidades. Hay que avanzar mas allá de lo social que hoy se hace, hay más por hacer.

El llamado con el cierre de la Casa del Samaritano es a crear políticas públicas locales para un mejor bienestar de los mayores. Era urgente y se hace más perentorio hoy.

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