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Magallanes

No metas la pata como Sigurd el Poderoso

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Por Jonathan Hernández Hernández.
Educador Social – Psicopedagogo

En esta ocasión les quiero presentar la historia de un hombre que ha trascendido por generaciones, el cual, aunque su nombre pareciera reflejar respeto, genera todo lo contrario por su desenlace, pero aquellos juicios los dejaremos para el final.

Muchos hombres y mujeres en la historia han tenido el anhelo de trascender más allá de su muerte, dejando un legado, ya sea en la música, la ciencia, la política, la tecnología, etc. Y han dado incluso sus vidas por ello, por esos sueños y anhelos, pues he aquí a Don Sigurd riki Eysteinsson más conocido mundialmente como Sigurd el Poderoso, gobernante vikingo allá por los años 875 después de Cristo, y aunque el conquistó casi todo el norte de Escocia le termino asignando el apodo de “El Poderoso” y no siendo capaz de menospreciar su increíble hazaña y la capacidad que tenía como líder vikingo, Sigurd cometió un acto que socavó toda su trayectoria, y por el cual es mayoritariamente recordado.

Aquí aparece en la historia Máel Brigte, conocido como “Máel Dientes Largos” de Moray, un líder escoses que le estaba complicando la Vida a Sigurd el Poderoso, por lo que concertaron en un acto de fe y de palabra, como comúnmente se resolvían los problemas en esta época, y considerando la vida de sus ejércitos, se convocaron a un encuentro o batalla con solo 40 hombres por bando y quien ganara se quedaría con el territorio en disputa y sin resistencia. Pues he aquí es donde la avaricia y falta de ética de Sigurd apareció, llevando al encuentro a 80 hombre, ganado con facilidad la guerra y decapitando a Dientes Largos como habitualmente lo hacía tras ganar sus batallas, colgó la cabeza a su montura y marcho por los pueblos jactándose de su victoria.

Pues la Historia no queda aquí, puedes llamarlo karma, maldición de Máel Dientes Largos, mala suerte o como quieras, pero el hecho es que tras mucho cabalgar, y el movimiento oscilante de aquella cabeza putrefacta rozando su pierna, rasgando su pantalón e hiriéndolo casi como mordida de aquellos reconocidos dientes del derrotado líder, le causaron una infección tan grande a Sigurd el Poderoso que murió.

He aquí el destino de quién cometió un acto profundamente repudiable, y por lo que la historia lo va a recordar por siempre, ¿cómo el temor profundo a la derrota puede hacer que alguien pierda totalmente su integridad y deseche sus valores a fin de sostener su imagen?, Quizás es fácil decirlo desde una vereda donde no existe las responsabilidades que Sigurd tenía, pero todos nosotros, día a día podemos enfrentarnos a disyuntivas similares, y lo que nos lleva a dudar siempre son causas similares; temor al fracaso, a la vergüenza, cultura que nos castiga el error y principios y valores frágiles.

Nuestros valores dictarán nuestros principios en la vida, nuestras acciones sostienen nuestra integridad, esas acciones son un ejemplo para muchos, y a la vez potencian la identidad de cada persona, da igual si esos valores se basan en una religión o cultura, porque finalmente seremos nosotros y quienes nos rodean los que se verán afectados positiva o negativamente según corresponda, desde preferir guardar tu envoltorio en el bolsillo para alivianarle el trabajo a los esforzados trabajadores de áreas verdes, a contener la frustración que puede generar la crianza de un niño o niña y educar sin violencia, todas esas decisiones nos marcarán y marcarán a otros, dejando huella bajo la que podremos ser recordados, esperemos que mejor de lo que recordamos y seguirán recordando a Sigurd el Poderoso.

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