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Magallanes

De un fosforo, una enseñanza

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Por Jonathan Hernández Hernández.
Educador Social – Psicopedagogo

En lo  cotidiano siempre hay historia, y en ocasiones uno que otro aprendizaje,  como casi todas las mañanas prendí la cocina para un infaltable café, al apagar el fosforo recordé con gracias como se descubrió este elemento químico que estoy seguro tienen cerca de la cocina también, y que demuestra que hasta de ellos podemos aprender una lección de vida.

Hablamos del pleno siglo XVII, época en la que existió Nostradamus (astrologo), Rafael (pintor), y el protagonista de esta historia Hennig Brand, quien como muchos científicos de la época se dedicaba a la alquimia, es decir, creía que como toda lo que existe esta echo de lo mismo (la materia), se puede modificar, dándole otra forma. Muchos alquimistas de la época buscaban transformar plomo y cobre en plata y oro, otros buscaban la vida eterna o eterna juventud.

Precisamente en 1669 aparece Henning Brand con una idea muy particular y con la ambición de volverse inmensamente rico, pensó lo siguiente; “si la orina es de color amarillo, ¡es porque contiene oro!”, y pues con esa idea en mente y con mucha iniciativa se acercó al campamento del ejercito de Prusia a pedirle a todos los conscriptos que reunieran su orina y se la entregaran, y tras largas semanas de recolección y trabajo insalubre y duro, evidentemente no lo logro, pero este proceso de hervirlo hasta evaporar y otros pasos, lo llevo a lograr formar una especie de piedra blanca, que al aire echaba humo y al fuego encendía y brillaba mucho, el brillo que producía lo hizo llamarlo “el portador de la luz” o su traducción en griego “phosphorus”.

Ahora las conclusiones o moralejas pueden ser variadas, pues que gran locura suena la idea de Henning, risas o burlas pudo generar, pues hemos creado poco a poco una cultura donde evitamos  y a toda costa el fracaso o cometer errores, nos olvidamos que el error puede dar pie crecer, que hay una habilidad que todo ser humano debe desarrollar llamada resiliencia o incluso la importancia de reconocer la imperfección como algo propio del ser humano.

Henning Brand con mucha iniciativa afronto una idea descabellada, y aun que el error fue parte del proceso, lo llevo a avanzar, crear y valorar sus logros en base a su esfuerzo y también a sus errores. ¿Qué tan seguido nos arriesgamos al error? ¿Somos capaces de valorar estas batallas perdidas? No será la última vez que aborde historias como ésta, pues la historia del hombre se construyó en base a una serie de errores y accidentes que dan cuenta de lo imperfectos y valiosos que somos.

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