Magallanes
La Impronta Magallánica
Por Antonio Yakcich Furche
Historiador
¿Qué es lo que hace diferentes a los magallánicos?, más allá de las particulares exterioridades de la zona, desde el uso de determinadas palabras en el lenguaje, o la entonación que tenemos al hablar.
Hay evidentemente estereotipos que saltan a la vista, como el ovejero, pero, pese a la importancia de la tradición y del folclor, esa imagen es solo parcial y si bien es aceptada y admirada por la mayoría, no representa al ciudadano común.
Por otra parte, hay elementos que nos marcan a los nacidos en Magallanes y a muchos de los que adoptaron la región como propia, como el clima, la lejanía de la zona central, las dificultades en las comunicaciones, las limitaciones en diferentes servicios básicos e infinidad más que usted bien conoce por vivirlas en carne propia.
Los inmigrantes y los colonos chilenos venidos principalmente desde Europa y de la zona central sur de Chile, fueron los que nos señalaron el camino y nos legaron su particular forma de enfrentar los desafíos, al crear y desarrollar un territorio donde nada existía y que obligaba a superarse a diario.
Chilenos y extranjeros, que llegaron a “hacerse la América”, para luego retornar a sus ciudades natales, vieron como gradualmente esta tierra, en apariencia tan terriblemente inhóspita cuando llegaron a ella, los fue cobijando, entregándoles una segunda oportunidad y un nuevo suelo al cual sentir como propio.
Ellos nos entregaron infinidad de conceptos, muchos de ellos olvidados en otras latitudes, como la honradez, la tenacidad, la gratitud, la compasión, la generosidad, la fortaleza, la paciencia y la humildad.
Como otros, muchos años atrás, quienes hoy día llegan a Magallanes en busca de oportunidades, para luego volver a su terruño, se quedan, haciendo realidad el título de un extraordinario libro escrito por Nicolás Mihovilovic; “Desde lejos para siempre”.
Se dice que las personas nunca se pueden acostumbrar al fuerte viento magallánico, ello talvez sea acierto, pero me gusta pensar que para el habitante de esta tierra, que desde sus primeros pasos enfrentó los vendavales, ese viento no existe.
Para un auténtico magallánico no hay dificultades, todas pueden ser superadas, la vida, o más exactamente el diario vivir en la zona, le entrega una fortaleza de espíritu y una presencia de ánimo, que lo hace resistir los más grandes desafíos y salir adelante, como esos árboles achaparrados que resistiendo el viento, tan singularmente dibujan el paisaje de esta querida y austral tierra.




