Conceden libertad condicional a sujeto que le disparó en la cabeza a Jacqueline Leyton

Diez años tuvieron que pasar para que José Enrique Toledo Mancilla, de actuales 44 años, recuperara la libertad, luego de ser condenado como autor de parricidio frustrado, tras herir en la cabeza a su pareja, al dispararle con un rifle en el interior del domicilio que compartían en la población Fitz Roy. La Corte de Apelaciones de Puerto Montt otorgó la libertad condicional al lamentable protagonista de la trágica historia de Jacqueline Leyton Mansilla.

Todo se remonta al fatídico miércoles 6 de agosto de 2008, cuando la joven profesional, por ese entonces jefa del departamento de Acción Sanitaria de la Secretaría Regional Ministerial de Salud de Magallanes, se encontraba al interior del domicilio en el cual convivía con el sentenciado, en el pasaje Las Lilas, en el sector sur de Punta Arenas. En dicho lugar, en un arranque monstruoso, el sujeto le disparó con un arma de caza calibre 22 en la parte posterior de la cabeza a la víctima, la que resultó con lesiones de tal gravedad que la mantuvieron por mucho tiempo al borde de la muerte, con terribles pronósticos posteriores y escasas esperanzas de que quedara en un estado que no fuera vegetativo. Pese a todo, sobrevivió, aunque con secuelas permanentes.

En esa época, la figura legal del “femicidio” no existía en nuestra legislación, por lo que Toledo Mancilla enfrentó a la justicia como autor de un delito de parricidio en grado frustrado, cargo por el cual fue sentenciado a 15 años de presidio.

Sin embargo, como cualquier sentenciado a pena efectiva, con el paso de los años y cumpliendo los requisitos que establecen los procedimientos judiciales, Toledo, quien había sido trasladado al Centro de Cumplimiento Penitenciario de Osorno, elevó petición para acceder a la Libertad Condicional, siendo escuchado por la comisión evaluadora, la que el pasado 4 de octubre acogió su solicitud.

En total en Osorno se presentaron 155 solicitudes ante la comisión, de las cuales 54 fueron aprobadas, entre ellas, la de Toledo Mancilla.

El ejemplo de Jacqueline

El sobrecogedor caso de violencia intrafamiliar no sólo quedó como uno más de los hechos de violencia de nuestra región,  sino que caló de tal manera en la comunidad magallánica, que, con el paso de los años, la lucha por sobrevivir y sobreponerse de Jacqueline ha sido seguida por los medios de comunicación, siendo objeto de admiración y vista como ejemplo, en virtud de la manera en que ha enfrentado los duros escaños que le han tocado vivir.

Lo anterior quedó consignado completamente en una entrevista otorgada en 2016 a La Prensa Austral, cuando Leyton Mansilla contó en primera persona, y por primera vez, su proceso de rehabilitación.

En la oportunidad, Jacqueline respondía de la siguiente manera a la pregunta ¿Siente odio o rabia?: “Tengo sentimientos encontrados cuando pienso en él porque, por una parte, yo lo amé mucho; que conste que hasta le pagué una carrera porque para mí era complejo aceptar y decirles a mis amigas y amigos que mi pareja era ‘sólo un barman’. Vuelvo a insistir que el prejuicio social en este país es muy grande y yo quería que él progresara (…) luego, recuerdo con tristeza y rabia los cinco años que aguanté tantos maltratos; existían días que ni siquiera tenía ganas de regresar a mi casa, porque sabía que ahí estaba viviendo con mi agresor, quien, ante cualquier insignificancia, empuñaba su mano y me agredía. Yo era feliz mientras trabajaba en la Seremi o haciendo clases; lo terrible era volver a mi casa; ese era el peor momento de mi día porque sabía que en mi hogar estaba la maldad hecha persona”.

Duro ha sido el proceso para Sofía y Juan, padres de la víctima, han tenido que saber reinventarse para acompañar en el largo camino de la rehabilitación a su hija. En un momento se les dijo que sería muy difícil que viviera, luego que volviera a tener conciencia, después que volviera a moverse, o que volviera a caminar. No obstante, Jacqueline ahora, está consciente de sus actos, lucha desde un locutorio por los derechos de las mujeres, y carga con las cicatrices emocionales que el violento episodio le dejó.

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