Columnista
Mario Isidro Moreno: El empedrado de las calles de Punta Arenas
Los trabajos de empedrado de la ciudad de Punta Arenas, fueron una de las principales obras públicas municipales durante las primeras décadas del siglo XX.
El 27 de abril de 1920, por Decreto Oficial N° 1163, de la I. Municipalidad de Punta Arenas, se acepta la propuesta presentada por los señores Gregorio Martich y Slavo Bezmalinovich, para efectuar el adoquinado y construcción de aceras en la calle O’Higgins, entre Errázuriz y Roca y calle Roca, entre O’Higgins y la Plaza Muñoz Gamero, el 3 de mayo de 1920.
Por Decreto N° 1251 se acepta la propuesta presentada por el señor Lucas Domich para hacerse cargo de los trabajos de pavimentación de la calle Balmaceda, entre Peruana y Zenteno, y Zenteno, entre Balmaceda y Errázuriz, por los siguientes precios: empedrado de calzada, $3.90 metro cuadrado; empedrado de aceras, $ 3.00 metro cuadrado; soleras de ocho por ocho $520 el metro lineal; desmonte o terraplenes, $3.40 el metro cúbico; enripiado de aceras, $1.80 el metro cuadrado, en 26 días hábiles por cada cuadra.
En memorias escritas por Jorge Luis Subiabre Matiacha, familiar de un colono croata se lee:
“A fines del siglo 18 y a principios del siglo 19, arribaron a la región de Magallanes los primeros inmigrantes croatas de la ex-República de Yugoslavia, bajo el dominio del imperio Austro-Húngaro. Principalmente de la región de Dalmacia (Isla de Brac, Hvar, Split, Dubrovnik, Zadar, Zagreb y otros), dejaron sus hogares con mucho sacrificio, y en ellos a sus familias y a su tierra querida, que era azotada por aquellos años por la sequía. En búsqueda de un nuevo porvenir, comenzaron un viaje de casi un mes por mar, en cruceros que los trasladaban hacia América.
Después de arribar a Buenos Aires, algunos decidieron quedarse y otros se trasladaron hacia Bolivia, Perú y Chile.
Al elegir Chile, eligieron viajar hacia dos destinos: Antofagasta para trabajar en las minas salitreras y a Punta Arenas, en búsqueda del oro encontrado en la isla de Tierra del Fuego, en el Cordón Baquedano.
Llegando a la ciudad de Punta Arenas, se encontraron con una tierra completamente diferente a la que dejaron. Donde había que luchar para seguir adelante, el clima era hostil pero la tierra era fértil. Con la ayuda de los ahorros que traían gracias al aporte de sus familiares y con la promesa de traer a estas tierras a los que dejaron atrás, comenzó la aventura. Todos ellos querían volver. Extrañaban sus hogares, pero esta tierra les entregó todo lo que no les dio su querida Croacia, hijos, un hogar y trabajo. Muy pocos volvieron a Croacia.
Mi bisabuelo, Toma Matijaca partió de Croacia en 1904, junto a sus hermanos Franjo e Ivan. Dejó atrás su hogar en Supetar en la isla de Brac y a sus padres Simin y Franja y a su hermano Marin. Su primer destino fue la ciudad de Buenos Aires. Desde ahí viajó hacia el sur hasta llegar a la ciudad de Porvenir, en la isla de Tierra del Fuego, donde se dedicó a la búsqueda de oro. Años de sacrificio, dieron resultado y logró ser comerciante. Al llegar a Punta Arenas se dedicó al empedrado de calles de la ciudad”.
Hermosa historia de los empedrados de Punta Arenas, pero no hay que olvidar que las antiguas crónicas dan cuenta de la participación que tuvo la mano de obra chilota en estas labores, ya que, además de su contribución en las faenas, con sus carretas con bueyes trasladaban las piedras hasta los lugares de trabajo.




