Magallanes
¿Qué significa avanzar hacia un Estado social de bienestar en Chile?
Por Ramón Lobos Vásquez.
Médico geriatra y paliativista.
El envejecer tiene diversas características a las cuales nos hemos ido lentamente acostumbrando en nuestras propias vidas. En la medida en que envejecemos, nos habituamos a necesidades que pasan a ser normales para nuestro bienestar. Ya no son un lujo, sino una necesidad de la vida diaria: los lentes, los audífonos o las prótesis dentales; por el contrario, son comunes en las personas mayores y permiten una mejor calidad de vida a sus usuarios.
Actualmente, el uso de dispositivos clínicos como marcapasos ya no nos parece tan inusual como antes, así como someterse a cirugías cardíacas para mantener una adecuada salud cardiovascular —procedimientos que hoy se realizan en nuestra región—. A esto se suma el creciente número de personas que enfrentan la problemática del cáncer en Magallanes, cada vez con mayor independencia de “irse al norte” en busca de respuesta a esta patología, como ocurría hasta hace algunos años. Todo ello da cuenta de cómo se envejece en el siglo XXI.
Poco a poco hemos visto cómo nuestro sistema de salud ha ido dando respuesta a esas dolencias que afectan a una población más envejecida. Sin embargo, esa misma población es la que más espera en extensas listas la resolución de otras problemáticas de salud. Es, entonces, válida la pregunta: ¿cómo enfrentaremos este cambio? ¿Continuaremos en un modelo que busca responder a las problemáticas en salud requiriendo más personal y recursos para cubrir una demanda creciente, o invertiremos en promover un envejecimiento más saludable, priorizando la prevención por sobre la reacción?
La respuesta no es fácil ni dicotómica. En la actual etapa de desarrollo del país, es necesario avanzar en ambas líneas. Por un lado, se debe seguir invirtiendo en resolver las problemáticas de salud de la actual población adulta y adulta mayor; por otro, es fundamental mejorar la calidad de vida de quienes vienen detrás, promoviendo condiciones que favorezcan un envejecimiento saludable.
Una de las acciones prioritarias es reforzar medidas contra factores asociados a un envejecimiento no saludable: combatir el sedentarismo y la obesidad, mejorar la calidad de la alimentación y fomentar la actividad física en todas las etapas de la vida. Asimismo, es clave facilitar el acceso a servicios de promoción y autocuidado cerca de los lugares donde viven las personas. Esto implica contar con una red que entregue servicios y estabilidad, promoviendo que la población se prepare mejor para envejecer, pero también asegurando el acceso a apoyos que permitan seguir siendo parte activa de la comunidad.
El sistema debe, además, promover que las personas mayores permanezcan el mayor tiempo posible en sus hogares, en condiciones dignas. Esto involucra resolver cómo financian su alimentación y servicios básicos, así como fortalecer redes de apoyo social. No es una tarea sencilla, aunque pueda parecerlo. Requiere, como sociedad, financiar adecuadamente la vejez y las pensiones, además de profesionalizar los cuidados que inicialmente recaen en la familia y que, con el tiempo, demandan servicios más especializados.
Hoy, las necesidades de las personas mayores son más complejas: ya no se trata solo de proveer un lente o un audífono, sino de responder a condiciones de salud y dependencia que exigen cambios en los modelos de atención sanitaria y en la formación de profesionales.
La realidad demográfica actual tensiona todo lo que se ha construido como Estado de bienestar en nuestro país. Estar a la altura de este desafío es una responsabilidad colectiva. Se requieren cambios urgentes que aseguren que la vejez en Chile sea una etapa digna y, sobre todo, una oportunidad.
Hoy es tiempo de actuar y sentar las bases de un verdadero Estado social de bienestar. No hacerlo no solo implicará una menor calidad de vida para muchos, sino también darle la espalda a quienes han contribuido a construir la sociedad que hoy habitamos.