Magallanes

Un regalo de Navidad para los adultos mayores

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Por. Ramón Lobos Vásquez.
Médico Geriatra y Paliativista.

Diciembre es un mes de balances y de programaciones, un mes que vertiginosamente se desliza por nuestro devenir como agua entre los dedos. De la nada se inicia el mes y, en un tris, ya lo estamos terminando y vemos esperanza en el año que se inicia.

¿Cuáles son nuestros anhelos o deseos para este nuevo año, para las personas mayores?

En lo personal, que todos tengan un espacio para desarrollarse, crear y fomentar sus redes o su participación social. Que nadie quede solo o abandonado por su familia o por la sociedad. Que todos tengan un espacio de participación y de encuentro entre pares o de manera intergeneracional.

Que cada uno tenga las condiciones para vivir dignamente, lo que implica un techo o un lugar donde pasar su vejez con dignidad. Espacios que sean pensados y acondicionados para ellos. También que cada uno pueda tener una alimentación saludable y accesible a sus presupuestos. Que no se vean en la necesidad de comer solo lo que les alcanza, en vez de comer saludablemente.

Que dispongan de lugares donde realizar actividad física segura, protegida y acompañada, para que sea una actividad no solo en lo físico, sino también un espacio de recreación y de socialización, tan importante en la vejez.

Que, así como entrenan su cuerpo, también tengan espacios donde entrenar su mente y su intelecto, con panoramas sociales y de participación, más allá de lo meramente recreativo. Que tengan una pauta de trabajo personalizada en cuanto a mantenerse más activos y funcionales en esta etapa de la vida.

Que cada uno de ellos pueda controlarse adecuadamente en sus enfermedades o condiciones de salud. Que dispongan de los medicamentos que requieren a un precio razonable y accesible. Que ojalá estén primeros en la fila de quienes esperan atención en salud. Que tengan certezas y prioridades frente a aquellas enfermedades más complejas que los afectan y complican. Que existan más y mejores planes de acondicionamiento post enfermedad que les permitan volver a sus casas en una situación similar a la que tenían antes de padecer estas enfermedades.

Todo esto, que parece tan utópico, es posible solo si socialmente empezamos a valorar los esfuerzos que realizaron en etapas más jóvenes. Porque cada uno de ellos, en mayor o menor medida, aportó a crear las condiciones que hoy tenemos y disfrutamos. Por eso, una mínima retribución es esencial en nuestra mirada regional como sociedad magallánica.

Lo ideal es que, donde una persona mayor decida envejecer y vivir esta etapa, tenga las condiciones y los soportes que le permitan hacerlo con dignidad y con la certeza de que contará con los apoyos y ayudas necesarias. Parece utópico, pero es algo que nuestra sociedad ya hizo anteriormente, cuando no existían los apoyos estatales o las pensiones para los adultos mayores. Como sociedad local, hubo proyectos para mejorar sus condiciones de vida, como las sociedades de socorros mutuos, hogares tutelados, viviendas para mayores y un sinfín de otras miradas a problemas locales.

Ese es el punto esencial: que como sociedad empecemos a mirar y a trabajar por ellos, con programas e intervenciones locales. Ya es hora de mirarnos y actuar más, que de esperar las instrucciones del nivel central para repetir programas o intervenciones que no tienen pertinencia local. Solo acá sabemos dónde nos aprieta el zapato y, por lo tanto, podemos identificar qué hacer y qué priorizar.

Ojalá estos buenos deseos se hagan realidad prontamente en nuestra comunidad, que todos podamos tener más y mejores años, con calidad de vida, protección, cuidado y el fomento de una buena vejez para todos. Se necesita con urgencia y prioridad hoy, en todo el territorio de Magallanes.

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