Magallanes

¿Cómo llegar bien a la Tercera Edad?

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Por. Ramón Lobos Vásquez.
Médico Geriatra y Paliativista

Uno de los miedos más recurrentes al momento de envejecer es ir perdiendo capacidades y destrezas, procesos que acompañan el paso del tiempo. Sufrimos cuando se nos olvida un nombre, una dirección o algo que queremos recordar, y pese a los esfuerzos de esos instantes, “la memoria no nos funciona como antes”. Ahí tomamos conciencia de que hay deterioros en nuestra función cognitiva, que generalmente van acompañados de menos habilidades físicas o funcionales. Ya no hacemos lo de antes con la facilidad de antes, o nos deja secuelas, como el cansancio por más tiempo del habitual.

Es un momento duro: la toma de conciencia de que estamos entrando en una fase distinta a la que vivíamos. ¿Qué hacer? ¿Cómo salir de esta situación? ¿Cómo enfrentarlo de manera más proactiva? Son respuestas personales.

La vida es un continuo proceso de envejecimiento que ocurre en cada uno de nuestros componentes. Algunos más temprano que otros, pero no es perceptible hasta que hemos avanzado en edad cronológica, porque se superpone al proceso de desarrollo o de capacidad de aprender. Esta ecuación hace que vivamos la juventud y la edad media de la vida como un proceso de aprendizaje y desarrollo, y por el contrario, la vejez como un proceso de deterioro y pérdidas. Pero esto no es tan así.

La capacidad de aprender nuevas destrezas y habilidades nos acompaña hasta edades muy avanzadas. Siempre podemos desarrollar nuevos aprendizajes. En la vejez varía la rapidez para aprender nuevas tareas y el tiempo en que logramos integrarlas a nuestras capacidades. O sea, cuesta un poco más, pero igual aprendemos. Eso es lo importante y trascendente.

Por eso, en la tercera edad es importante mantener mental y físicamente activos a los mayores. Que vayan aprendiendo nuevas rutinas y desarrollen más habilidades que antes. Mantenerlos social y comunitariamente activos y participativos.

Es lo que se llama “estimulación neurocognitiva para mayores”. Con la estimulación adecuada, nuestro cerebro crea nuevas conexiones neuronales, nuevas redes que ayudarán a no perder o a mantener, durante un tiempo, funciones superiores cuando una enfermedad como el Alzheimer comience a destruir neuronas. Y si lo complementamos con desarrollo social y actividad física, se potencian y es mayor su impacto.

La tercera y cuarta edad no son el tiempo para encerrarse en casa a esperar que los años pasen, sino que es la etapa de la vida en que justamente hay que abrir puertas y ventanas a nuevos desarrollos y experiencias. Es una etapa activa para los mayores, que justamente necesitan que el sistema social funcione, creando oportunidades para seguir bombardeándolos con actividades y posibilidades de hacer y desarrollarse.

Mayores haciendo cosas no debe ser algo anecdótico o especial: debe ser el sello de una sociedad que vive en función de ellos. Adultos activos y participativos es inversión social y el reflejo de una mejor sociedad. A eso aspiramos quienes trabajamos por ellos.

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