Magallanes

Lo que queda de gobierno

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Por Rodolfo Saldivia Lillo
Abogado.

El presidente perdió el control del gobierno y poco puede hacer para darle viabilidad a sus ideas. Lo anterior se debe a que la hoja de ruta fundacional de esta administración fue incuestionablemente derrotada en el plebiscito constitucional de septiembre de 2022. Por más de 2 años, el gobierno ha intentado reinventarse, sin éxito. La actitud del Gobierno, de desconocer la realidad o bien disfrazarla, ya es ineficiente.

La Moneda ha desechado también las alertas levantadas por el reconocido economista David Bravo, quien advirtió que Chile atraviesa una emergencia ante la incapacidad de la economía nacional de generar nuevos puestos de empleo que no sean los vinculados al sector público. Los niveles de informalidad laboral están hoy en torno al 30%, pero en regiones como La Araucanía, este indicador llega al 40%. La marcha de la economía no va bien y esto es el resultado de una década perdida en torno al crecimiento promedio del país a un escuálido 1,9 por ciento anual. Especialistas advierten que el próximo decenio Chile irá por el mismo derrotero. Aquellos que gobiernan hoy, nos quieren convencer de que es normal y que no hay problema.

Por otro lado, frente a los escándalos debemos tener claro que una institución funciona bien en la medida en que la ética que inspira a quienes la integran, es decir, sus valores e ideas, permanecen vigentes. Y para ello se requiere de personas que defiendan dichas ideas y valores permanentemente, de manera tal que no sean desplazados por antivalores. Y este es un gobierno que ha perdido fuerza en su relato. Y tiene autoridades locales que no saben moverse comunicacionalmente. La idea de nueva Constitución está sepultada y la denominada reforma al sistema de financiamiento a la educación superior es sólo levemente mejor, que la propuesta presentada por Sebastián Piñera. El programa del frente amplio derrochaba en ambiciosos proyectos de “transformar la matriz económica” y “sepultar el neoliberalismo” en palabras del presidente Boric. Todo ello no es sino inviable en lo que queda de gobierno y no hace sino dejar una huella imborrable en el imaginario colectivo del ciudadano. Las anteojeras ideológicas de esta administración le impiden apreciar la magnitud del drama económico para cientos de miles de familias chilenas. Los mismos que impulsan políticas públicas para dinamitar el sistema de libre mercado y emprendimiento, luego responsabilizan a los economistas y los empresarios de todos los males, ofreciendo como receta, la peor de todas: que el Estado sustituya al sector privado. Es evidente que se requiere un cambio de rumbo pronunciado.

En 20 años Chile merece ser un país desarrollado, que respeta los derechos humanos, digno, incorruptible, con grandes empresarios que otorguen valores a la sociedad chilena, donde persista una democracia sólida, sin tanta desigualdad, se valoren los talentos, no haya pobreza, y las oportunidades permitan igualar la cancha. Desde el punto de vista del comercio: el turismo merece ser considerado un área estratégica ¿por qué chile no tiene los mejores puertos al sur del ecuador? Esos son los desafíos de nuestro país. Es de esperar que el gobierno escuche los llamados de la ciudadanía y se reencamine en la senda de lo que nos importa.

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