Magallanes
La resistencia
Por Karina Ulloa Pérez
Abogada
Lejos de la ciudad, se encuentra la paz del mar, el viento que te empuja, o te frena, sin términos medios. Lejos de la ciudad, se encuentran descansos anhelados, la arena y el sol, la nieve y la montaña. Lejos del ruido, se encuentra el sendero forjado a pie, los trazos de colores del cielo ni tan azul.
Lejos se encuentran los espacios amplios de la Patagonia, la Magallania… habitada hace tanto ya, por personas con otra visión, otro tiempo, otra alma.
Y aunque pareciera que esta impetuosa tierra ha sido aplacada por la voràgine de la vida del siglo xxi, existe un espacio-tiempo donde seguimos siendo almas desnudas frente al mar, al viento y la montaña. Y es a esa vida que sigue resistiendo, a esa Resistencia, que dedicaré a esta columna, la que con mucho aprecio, recibo como un regalo.
Y es que el volver a nuestro centro es necesario, dado que toda ocupación u oficio, por más noble que sea, requiere que, por un rato, nos desconectemos, respiremos, y volvamos a empezar.
Por eso esta columna es un llamado a elegir las pequeñas grandes victorias de cada dìa, semana; y a hablar de ellas, a valorarlas y celebrarlas.
Hoy les comparto esta victoria, la de retomar viejos hábitos, cosas que hacemos sin retribución aparente, sin ninguna pretensión más que liberar de la mente y el corazón, las cosas que requieren tomarnos una pausa, o bajar el ritmo, sentir nuestros latidos, el sonido de los dedos en las teclas, hoy casi imperceptibles. O escuchar música de otros tiempos, cuando éramos otras, o quizá volver a comer del carrito predilecto, ese en el que aún recuerdan tu cara. O quizá volver a ver a alguien que extrañaste, o de volver a caminar caminos que habías olvidado.
Y el simbolismo de retomar viejas aficiones es tremendo, dado que nos haya distintos, sintiendo en otro tempo, ….queriendo expresar cosas diversas, como la típica alegoría del ..Río como mezcla perfecta entre el cambio y la decantación, la eterna barbarie del tiempo y sus cosas, que lucha siempre contra lo imperecedero del alma, quienes somos, a pesar del tiempo, el viento, la nieve, los acasos y la muerte.
Los invito a buscar sus propias victorias cotidianas, a celebrarlas, a brindar por ustedes mismos, a abrazar la vida, a seguir leyéndonos, aunque no sea eficente, útil ni productivo. Porque la vida no es sólo eso, la vida es baile, es ese olor a comida de tu abuela, es ese amanecer, ese pajarillo que te detuviste a observar.