Reflexiones: Usted es una obra en construcción

Acabo de terminar el libro “Desarrolle su cerebro: La ciencia para cambiar la mente”, de un autor llamado Joe Dispenza. En este libro, nos explica desde las neurociencias que nuestro cerebro tiene una característica increíble llamada plasticidad. Eso quiere decir que puede cambiar a lo largo de nuestra vida y no sólo a nivel neuronal, si no incluso pude modificarse físicamente.

Desde allí, una de mis frases favoritas del libro es que somos una obra en construcción. Hasta el último día de nuestras vidas podemos modificarnos, física y mentalmente. No somos un ente rígido, fijo, ni inmodificable; por el contrario, poseemos características que nos permiten cambiar.

Muchas veces, puede ser una vía fácil, identificarnos con frases como “yo soy así”, “no voy a cambiar” “al que le gusta bien y si no, que se vaya”, incluso en nuestra cultura hay dichos populares que refuerzan esta postura, como aquel que reza: “Perro viejo no aprende trucos nuevos”. Y la verdad, es que la ciencia y en especial las neurociencias hoy nos invitan a ampliar nuestra mente y a reconocer que el cambio es posible a cualquier edad. Muchas personas han cambiado a lo largo de su vida, han emprendido oficios y carreras profesionales a distintas edades, aprendido un idioma, se han adaptado a alguna circunstancia cuando parecía ser poco probable, han tenido curas espontáneas, han dejado adicciones atrás. Y eso son los grandes cambios, si nos ponemos a observar a nuestros amigos, familiares, compañeros de trabajo, incluso nuestro propio proceso vital, podemos identificar situaciones de cambio.

Uno de los grandes obstáculos a la hora de modificarnos es que a nuestro cerebro no le gustan los cambios. Desde un sentido de supervivencia, mentalmente todo aquello que sea conocido y predecible es bienvenido, y todo aquello que nos plantee incertidumbre y nos sea desconocido es una alerta de posible riesgo. Además, hacer cosas distintas implica gastar una energía extra en función de todo lo nuevo que implica.

El hecho es que podemos cambiar. Al final del libro el autor propone que si bien el cambio es absolutamente posible requiere tiempo y esfuerzo, por lo que aconseja que debemos encontrar una motivación que nos lleve a permanecer en el proceso y a no rendirnos ante los obstáculos que puedan surgir en el camino. Podemos cambiar por nosotros mismos o por las personas que amamos, por los animales, o por el planeta, solo necesitamos encontrar ese estimulo que nos mantenga en el camino adecuado. Y podemos empezar hoy o mañana, o el próximo año. La decisión está en nuestras manos (o en nuestros cerebros), somos los maestros carpinteros de la obra en construcción que somos y de nuestro destino.

Por Daniela Vásquez Mansilla, Psicóloga Especialista en Terapia Sistémica & Coach.

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