Reflexiones: Hijos e hijas del deber

Y si les dijera que, ¿pueden sentirse bien, e incluso felicitarse por hacer algo bien? Lo menciono pues todos hemos escuchado desde muy pequeños este tipo de frase; “te sacaste un 3.0, ¡castigado!… te sacaste un 7.0, bueno, era tu responsabilidad”.

Si lo pensamos, esto no tiene ningún sentido, y se da netamente porque en algún momento la gente empezó a creer que las cosas buenas, correctas o importantes tienen que hacerse porque sí y nadie merece nada de ello, generando así que, en la vida adulta, no podamos disfrutar muchas veces de nuestros logros y mucho menos pensar en generar metas personales.

Claramente uso unos pocos ejemplos acá, pero en general buscan graficar una realidad, en la cual se les da valor a cosas no tan relevantes, o mejor dicho se les da valor a cosas externas, pasando a segundo plano lo que es realmente importante, las personas.

Esta columna tiene dos propósitos:
1) Que empecemos a darnos el lugar que merecemos, priorizándonos en lo que queremos, y motivando a quienes la lean a intentar buscar lo que quieren de corazón; y 2) dejemos de hacer esto con los niños y niñas; sinceramente no merecen que sus sueños, deseos, y habilidades valgan menos que una nota.

Empecemos a cambiar nuestras ideas, y a cuestionar las pasadas, para lo cual sólo necesitamos sentarnos a reflexionar, frenar un momento del piloto automático de la vida, la pega y las preocupaciones externas para realmente hacernos una pregunta: ¿Qué quiero?

Desde ahí, empezamos a construir con acciones claras día a día, paso a paso, sin necesariamente volar a ello, sino dando pequeños avances para llegar.

Para esto es necesario pensar de manera acotada. Por ejemplo, de forma semanal y plantearnos objetivos realizables. Muchas veces es necesario gatear antes de caminar, y mucho más, antes de correr.

Estas ideas suenan simples, pero pensar en qué queremos para nosotros, nuestra vida, nuestros hijos, nuestro trabajo, etc. Puede ser complejo, por lo que partamos por cualquiera que sintamos podemos darle una respuesta o acciones de manera más rápida.

Respecto de cómo resolver estos temas en virtud de la crianza, tiene que ver un poco con lo mismo, ¿Qué queremos para ellos? Y el foco debe ir a su desarrollo, por ejemplo, ¿queremos niños tranquilos y callados, o felices y enérgicos? Si la respuesta es querer hijos enérgicos que sepan lo que quieran y desde pequeños luchen por sus sueños, no necesitamos que se callen y sean unos muebles, por lo que nuestra conducta se debe moldear a eso, no a lo que nos enseñaron “es correcto”.

Finalmente, todo esto no significa que estemos en contra de sacar buenas notas, o de aprender a estar tranquilos o incluso adecuarnos en ciertas situaciones, sino que se busca que, si lo vamos a hacer tenga un sentido, y es porque consideramos es importante, no por costumbre, partiendo de la base que cada generación se queja de la anterior, pero no cambia muchas de sus conductas por costumbre simplemente. Cuestionemos con sentido y responsabilidad por lo que realmente importa y luego hagamos acciones claras para que no vuelvan a perder su importancia por quedarse sólo como ideas.

Por David Fuenzalida C., Psicólogo, Especialista en Terapia Sistémica Centrado en Soluciones. IG: @psicologo_puntaarenas. FB: @psicologopuntaarenasdavidfuenzalida.

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