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Reflexiones: Confiar en la vida

Confiar en la vida puede ser un gran desafío en el presente. Mientras los medios de comunicación masiva nos sobrecargan de noticias terribles, de crisis económica, de inestabilidad sociopolítica; también existe toda una gama de posibilidades de que algo salga mal, independiente del contexto socio-histórico en el que nos encontremos.

No sabría decir si la dificultad de confiar en la vida es algo nuevo, y en otras épocas se constituía como algo más simple, menos contaminados de información y sin otro camino que la esperanza en que los esfuerzos llevarían a avanzar a las generaciones. El hecho es que hoy por hoy parece difícil, casi una burla proponerlo, como si quien lo pensase como una opción válida solo diera cuenta de su privilegio.
Pero, ¿Acaso se puede vivir de manera saludable desde la desconfianza?

Pensemos en la crianza, porque creo que la confianza es algo que plantea una disyuntiva a la hora de enseñarle a los niños y niñas cómo abordar la vida. ¿Es sano criar a un infante planteándole que el mundo es un lugar terrible, peligroso, donde no se puede confiar en nada ni en nadie? Para mí la respuesta es NO. Entonces si extrapolamos eso a nuestras vidas adultas, a nuestros diálogos internos, a nuestras creencias diarias sobre nuestro entorno, tampoco es saludable vivir desde la desconfianza.
Cabe decir que no propongo que nos volvamos personas ingenuas o que nos auto-engañemos asumiendo que vivimos en un mundo seguro y absolutamente confiable.

Sin embargo, confiar en la vida, es una actitud. Y una actitud puede ser una decisión. Si consideramos la definición de actitud como la “manera de estar alguien dispuesto a comportarse u obrar”, podemos estar dispuestos a confiar en la vida, de manera consciente, sabiendo que quizás no siempre nos gustarán las consecuencias. Incluso puede ser un ejercicio más que un hecho. Podemos disponernos a asumir que puedan pasarnos cosas buenas, que podemos lograr lo que nos proponemos. Que la vida tiene un mundo de posibilidades, y yo puedo enfocarme en las que me traerán alegrías y bienestar y puedo vivir cada día desde esa postura.

Todos tenemos un grado de confianza en la vida. Salimos cada día de nuestra casa confiando en que será un día sin grandes novedades, asumimos que volveremos sanos y salvos: eso es un acto de fe, un salto de confianza. Confiar en la vida no es perder. Es tomar un riesgo, el riesgo de asumir lo mejor, de esperar que las cosas se resuelvan a mi favor, incluso de asumir, que aquello que parece negativo, triste, injusto, podría ser lo que tiene que ser, para mi beneficio, para mi crecimiento, para mi eventual bienestar.

Por Daniela Vásquez Mansilla. Psicóloga Especialista en Terapia Sistémica & Coach. 

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