El último registro con vida de la vecina de la población Silva Henríquez asesinada el Día Internacional de la Mujer en 2020, Elizabeth Mella.

Conocimos la última imagen con vida de Elizabeth Mella y el peritaje que inculpa al único detenido

Siguen apareciendo hoy (29 de junio) antecedentes que se han ventilado durante las últimas horas del femicidio de Elizabeth Mella Cárcamo, madre, amiga y vecina de la población Cardenal Raúl Silva Henríquez, que fue cruelmente asesinada con múltiples heridas cortopunzantes, y cuyo cuerpo se intentó quemar al interior de su domicilio utilizando sus propios perfumes como combustible. Hoy, se conocen más detalles que incriminan al único sujeto imputado en el caso, aunque fueron tres las personas sospechosas en su momento.

Con la detención de L.M.H.A., de 41 años, se conocieron detalles de las diversas diligencias encabezadas por la Brigada de Homicidios de la PDI durante los 14 meses que transcurrieron tras la muerte de Elizabeth, hecho de sangre que enlutó la jornada del Día Internacional de la Mujer en Punta Arenas (8 de marzo) el año pasado.

Un trabajo multidisciplinario que requirió el apoyo de personal criminalístico de Santiago, fue en conjunto lo que permitió ir desenmarañando uno de los casos más dolorosos para la comunidad puntarenense. Pero, bien lo dice el adagio, la justicia tarda, pero llega.

Últimas imágenes

La noche del 7 de marzo de 2020 fue la última vez que fue vista con vida Elizabeth Mella. Primero, por quienes la acompañaron desde Villa Tehuelche (donde trabajaba) hasta su domicilio de calle Manantiales. De ahí se desplazó algunos metros hasta un almacén cercano a su hogar, lugar en que se registraron las últimas imágenes de ella con vida, ya que el registro de las cámaras de vigilancia mostró sus últimos pasos en la vía pública.

Tras su llegada desde Laguna Blanca, pasó a comprar un par de pasteles a un almacén cercano a su hogar.

Después de eso, sólo fue vista por una pareja de vecinos, a través del visillo de la ventana de su casa, ahí la observaron sirviéndole en una taza algo a otra persona que estaba en su hogar, un hombre desconocido.

Así lo declararon a la PDI las personas que pudieron verla por última vez, claro está, además del asesino.

Otros sospechosos

Además de L.M.H.A. hubo, al menos, otros dos sospechosos. Uno de ellos mantenía conversaciones íntimas con la víctima a través de Whatsapp. Él estuvo en el ojo de la investigación durante semanas, ya que, de acuerdo a los registros del chat, el mismo 8 de marzo se reunirían, pero eso nunca llegó a suceder.

Tristemente, la conversación de “pololos” que mantenían se cortó abruptamente cerca de la 1 de la madrugada del 8M. El último mensaje lo recibió el teléfono de Elizabeth, pero nunca lo leyó. Así daban a entender los “doble check” al lado del mensaje. Los demás mensajes nunca llegaron al aparato telefónico de la víctima, se presume que en ese lapso de tiempo se cometió el horrible crimen.

Otro amigo de Elizabeth de igual manera estuvo siendo investigado, también por las conversaciones y relación que mantenía con la mujer; sin embargo, se repitió la misma historia que con el individuo anterior, sus mensajes de texto dejaron de ser recibidos por los dos teléfonos que ocupaba la mujer, el equipo de carcaza dorada y el teléfono azul metálico, características que tendrán gran relevancia más adelante en la investigación.

Las cartas anónimas para “ayudar” a la investigación

Un par de días después del crimen, y mientras la comunidad seguía consternada por lo sucedido en tan emblemática fecha, un par de cartas aparecieron en el parabrisa y cenicero de un vehículo que permanecía estacionado afuera de un domicilio en la población Loteo del Mar, propiedad de una familia media emparentada con Elizabeth Mella.

Una de las misivas era apenas una nota, que pedía que se le entregaran a Fabián Mella, hijo de la mujer asesinada. Sin embargo, el verdadero hallazgo se haría después, al interior del cenicero del mismo automóvil, lugar en que encontraron una carta más externa, cuya transcripción es esta:

“10/03/2020

Hola amigo Fabián, mis condolencias para ti y familia. Te escribo esta carta para decirte que ayer en la tarde en la población Silva Henríquez, una persona andaba vendiendo dos teléfonos celulares. Uno plateado y el otro de color azul.

Yo soy obrero de la constructora que está del Líder hacia arriba. Justo en la esquina, la persona que tiene los teléfonos le apodan “el Huasca”, vive al lado de la constructora, una casita negra chica, me ofreció los teléfonos, yo los vi y los revisé para ver si estaban buenos, y me di cuenta que en uno de los teléfonos está la foto de tu mamita, yo arriendo en el mismo sector una pieza, y en este sector pasan tomando hasta altas horas de la madrugada, se juntan hartas personas, entre ellas mujeres colombianas.

Esa noche andaba “el Huasca” y dos personas más comprando droga, yo los vi pasar por fuera de mi pieza como a las 3 de la mañana por el sector.

Quiero que entiendas que yo no quiero que me conozcan ya que trabajo acá, por cualquier represalia que pueda haber en mi contra, después no compré los teléfonos porque vi la foto de tu mamita y su nombre.

Traté de buscar un número telefónico tuyo, pero no tienes, es por eso que el motivo de mi carta. Quiero que sepas que esto me puede traer problemas por este tipo de personas, ya que son varios los que se juntan ahí.

Espero que esta información te sirva de algo, y así encontrar a los responsables que le hicieron daño a tu mamita.

Saludos y fuerza amigo Fabián.

PD: Publica un número telefónico para que te pueda ubicar porfi”.

Pistas científicas innegables

La carta fue entregada al hijo de Elizabeth y, acto seguido, a los investigadores del caso, quienes notaron, primero, que la persona que había escrito la carta tenía antecedentes que sólo un puñado de personas sabía, y era que lo único que faltaba en la casa de la víctima tras el homicidio, eran los dos teléfonos que se describen a la perfección en las primeras líneas de la misiva. Pero ¿cómo seguir esta nueva pista?

Continuó avanzando sigilosamente la investigación. Los detectives desarrollaron diversas diligencias y entrevistas, reuniendo antecedentes que para muchos de los testigos parecían preguntas aleatorias e incluso sin sentido, pero no sabían que los investigadores estaban armando una batería de interrogantes que tenía una clara dirección y así, sin saberlo, cada persona fue aportando un granito de arena al caso.

Relevante fue la llegada de los análisis de ADN, ya que en la casa de Elizabeth se encontraron varios rastros, que, con la entrega voluntaria que algunos de los interrogados hicieron de su propia saliva para comparar y descartar participación, fue acortando la lista de posibles involucrados.

Así se llegó al nombre del imputado L.M.H.A., ya que en la habitación de la mujer se encontró una muestra genética suya, la cual al ser analizada evidenció presencia de espermatozoides, corroborando su identidad con un 99,99% de efectividad. Los detectives, por la antigüedad de la muestra, supieron que él había estado ahí esa noche y había mantenido relaciones sexuales con la víctima. Pese a que al ser consultado afirmó apenas conocerla, nunca haber compartido con ella, y mucho menos estar involucrado en su deceso, fue descubierto mintiendo.

De ahí, las piezas comenzaron a encajar, ya que las cartas anónimas habían sido dejadas en el vehículo que permanecía estacionado frente a la casa de los parientes de Elizabeth, pero a su vez, justo al lado de una de las mejores amigas de la víctima, quien resultaba ser también ex pareja del ahora hombre imputado. Era una segunda arista que cerraba más el circulo en torno a él.

Fue desde esa pista que se decidió realizar la diligencia pericial. Se apostaba el todo o nada la policía sometiendo al, todavía no imputado, a una prueba caligráfica, que permitiera comparar su letra con la de las notas encontradas.

Lo primero que saltó a la vista de los detectives y la Fiscalía fueron las mismas y evidentes faltas de ortografía que presentaban la carta original y la muestra. La más evidente era la expresión “por fabor” [SIC], con características caligráficas idénticas en igual error de escritura.

Asimismo, se encontraron características que, desde el punto de vista criminalístico, convencieron a los policías que las cartas encontradas con información que pretendía distraer el foco de la investigación, habían sido escritas por L.M.H.A., pese a que él, en todo momento desde su detención, ha negado ser el autor del crimen de Elizabeth Mella Cárcamo.

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