A 10 años del cruel homicidio que quedó impune: Murió tras recibir más de 90 heridas de arma blanca

Hoy (15 de octubre) se cumplen 10 años de la muerte de Sonia Rodríguez Polanco, ciudadana dominicana radicada en Punta Arenas que fue ultimada con 91 heridas cortantes en distintas partes de su cuerpo, crimen ocurrido al interior de la vivienda que habitaba en el barrio 18 de Septiembre. Se cumple entonces el plazo para que el caso quede definitivamente archivado, sin encontrar nunca al autor del tristemente recordado hecho de sangre.

Fatídica mañana

El 15 de octubre de 2010, cerca de las 11:30 horas la llamada hecha por la agonizante Rodríguez Polanco movilizó a personal policial hasta el inmueble ubicado en calle Gaspar Marín Nº0249, a dos cuadras de la comisaría de Punta Arenas, por lo que la ayuda no tardó en llegar.

De acuerdo a los testimonios de los policías de la época, la escena al ingresar al domicilio era impactante, ya que la sangre de la víctima cubría gran parte del pequeño departamento de dos ambientes, y en el suelo, en medio de un charco rojo, yacía moribunda la mujer, con evidentes lesiones, muchas heridas de cuchillo en distintas partes de su cuerpo.

Increíblemente, Sonia luchaba por su vida, ya que, pese a casi haberse desangrado, seguía respirando. Se pidió una ambulancia del Sistema de Atención Médica de Urgencia (Samu), cuyo personal estabilizó como pudo a la víctima, y la trasladó con premura al entonces Hospital Regional ubicado en calle Angamos. De todo esto fueron testigos conmocionados los vecinos del sector y algunos medios de prensa que llegaron al lugar, pero poco y nada se entendía de lo que estaba sucediendo.

Un par de horas se aferró a este mundo Sonia; sin embargo, el ensañamiento del homicida y la gran cantidad de sangre que perdió, terminaron por cobrarle la vida, falleciendo a raíz de una anemia aguda.

Personal de Carabineros y del Samu asistieron a la víctima en su domicilio de calle Gaspar Marín.

El enigma policial

Un total de 91 heridas, cortantes y penetrantes, hechas con sólo un arma blanca, lograron ser contabilizadas durante la autopsia de la víctima encabezada por la médico legista, María Bravo, dando cuenta de un ensañamiento inusitado. Se llegó a la conclusión, incluso, que algunas de las mutilaciones reflejaban interés de parte del asesino en torturar a la mujer y no sólo quitarle la vida. Además, se acreditó que Sonia estaba embarazada al momento de ser ultimada.

¿Quién fue el autor de tanta crueldad? Esa fue la pregunta que se le encargó responder a la Sección de Investigaciones Policiales de Carabineros (Sip), encabezando el caso el entonces fiscal adjunto, Eugenio Campos Lucero, hoy fiscal regional de Magallanes.

Desde un inicio, las labores investigativas apuntaron a seguir a eventuales clientes de la fallecida, quien se dedicaba al comercio sexual. Incluso, se investigó el número telefónico de contacto que la mujer publicó en el apartado de “Servicios de Compañía” de la prensa escrita local.

Así las cosas, se fueron cerrando círculos, apuntando todo a una sola persona: un trabajador de Áreas Verdes con quien habría tenido contacto la mujer, supuestamente para concertar un encuentro. Las piezas del puzle parecían encajar, con Domingo Mancilla Contreras ocupando el lugar de sospechoso de mayor importancia, cuestión que se dio por sentada al ver la presencia del individuo en el velorio de la mujer.

Fue hasta la noche del lunes 1 de noviembre que se ejecutó la detención de él, jornada en la que habría confesado su participación en el horrendo crimen, supuesta confesión que permitió a Campos lograr la prisión preventiva tras la formalización de la investigación, siendo encerrado el supuesto asesino. Pero, restaría aún mucho paño que cortar.

Portada del Diario El Pingüino del 2 de noviembre de 2010.

Repatriando a Sonia

Los restos de la malograda mujer de 33 años, madre de 4 hijos que la esperaban en República Dominicana, debieron pasar por una serie de trámites administrativos y sociales para que fueran repatriados a su nación. Sus amigas en Punta Arenas hicieron diversos llamados de ayuda para reunir los fondos para trasladar el cuerpo de la víctima, a fin de que su familia pudiera despedirla.

Fue hasta el 7 de noviembre que pudieron velarla en el municipio de Tamboril, localidad en la que fue sepultada.

La prensa dominicana relató un poco de la vida de Sonia, quien había llegado a Chile un año y ocho meses antes de su trágico final. Vivió primero en Santiago y, luego de perder su empleo, viajó a Punta Arenas, ciudad en la que se vio obligada a ejercer el comercio sexual, para enviar recursos a sus hijos de entonces 4, 8, 11 y 17 años.

Vuelco investigativo

Con el paso de las semanas, las diligencias investigativas comenzaron a arrojar un cúmulo de informes y resultados, y algo no parecía encajar del todo respecto del homicidio. Compañeros de labores ubicaron a Mancilla Contreras en su lugar de trabajo la mañana en que fue atacada la víctima, y se descartó la presencia de restos genéticos del imputado en la sangrienta escena criminal. Pero, entonces ¿por qué confesó la autoría del asesinato?

De acuerdo a lo planteado en su momento por el defensor José Miguel Navarrete, la confesión del imputado habría sido inducida por efectivos de la Sip de Carabineros, no coaccionada ni forzada, sino que, debido a la personalidad dócil y con cierto grado de deficiencia cognitiva, de carácter influenciable, nervioso ante lo que estaba sucediendo, y sometido a interrogatorio, habría derivado en que admitiera los cargos que se le estaban imputando.

Sin embargo, los antecedentes recopilados permitieron a la Defensoría Penal Licitada solicitar el alzamiento de la prisión preventiva, ya que no había dato alguno, aparte de la confesión, que ubicara al único sospechoso en la escena del crimen. Tal contundencia tuvo la argumentación de Navarrete, que, tras cuatro meses de encierro, el 10 de marzo de 2011, Mancilla Contreras recuperó su libertad.

El 10 de marzo de 2011 el único imputado en el homicidio recuperó su libertad.

¿Culpable o inocente?

El 11 de julio de 2011 se inició el juicio oral en contra de Domingo Mancilla, el que pasó a convertirse en la única persona imputada en esta causa.

Durante el proceso se pudo conocer la declaración que entregó el imputado Mancilla a la policía. En ella afirmaba que el día 15 de octubre de 2010, él no había ido a trabajar pues se sentía enfermo, se habría quedado en su casa viendo televisión, saliendo luego para visitar a una tía en la población 18 de Septiembre.

En dichas circunstancias, cuando transitaba por calle Gaspar Marín, vio a una mujer que le hizo una seña para que ingresara a la casa (la víctima). Él habría entrado, se le sirvió un vaso de jugo y la mujer le señaló la tarifa por sus servicios sexuales.

Tras ello –refirió la supuesta confesión- ella entró al dormitorio y salió en “baby doll”, pasándole un condón, y manteniendo relaciones ambos con preservativo, el cual habría sido dejado en el lugar.

Luego, la mujer le habría querido cobrar y como él no tenía dinero, ella se enojó, lo insultó, fue a la cocina y volvió con un cuchillo con el que lo amenazó, quitándole supuestamente Domingo el cuchillo, para hacerle un corte en un seno, seguido de otras heridas en diferentes partes del cuerpo, hasta que cayó al suelo.

Después de eso, él se habría limpiado en la cocina y tomando el cuchillo, habría salido de la casa. Tras mirar a ambos lados, habría corrido hacia Martínez de Aldunate, llegando a su casa donde habría lavado su ropa (pantalón negro, polerón blanco y zapatillas negras) y escondido el cuchillo.

Sin embargo, con el paso de los días de juicio, la defensa logró acreditar circunstancias distintas a lo narrado en la supuesta confesión “espontánea” de Mancilla, ya que la declaración de compañeros de trabajo confirmó que él sí fue a trabajar el día de los hechos.

Además, los peritajes descartaron que el semen encontrado en la casa de la víctima fuera de Domingo Mancilla, y las mismas pericias acreditaron que no se encontró rastros de sangre de la víctima en la ropa del imputado, o viceversa, restos orgánicos de él en la casa o en el cuerpo de la víctima.

Lapidario fue el peritaje siquiátrico hecho respecto del imputado, en que se ratificó que su condición mental lo hacía vulnerable a la orientación de sus respuestas, dejando entrever que la declaración en que se auto inculpó pudo haber sido condicionada.

Absolución e impunidad

“Para estos sentenciadores, la prueba de cargo aportada por el Ministerio Público, ha resultado insuficiente para formar convicción, más allá de toda duda razonable, en orden a que al acusado le corresponda participación en carácter de autor en el ilícito. Al efecto, el principal elemento incriminatorio que aportó el Ministerio Público, consistió en las declaraciones de los funcionarios de la sección SIP de Carabineros”. Así fundamentó su resolución el Tribunal Oral en lo Penal de Punta Arenas, absolviendo por unanimidad a Domingo Jaime Mancilla Contreras, acusado de homicidio calificado.

De lo anterior, la Fiscalía recurrió ante la Corte de Apelaciones; sin embargo, el tribunal de segunda instancia confirmó el fallo, poniendo término al proceso judicial seguido contra el único implicado.

De esta manera quedó en la impunidad el que será recordado como uno de los asesinatos de una mujer más crueles que la Región de Magallanes haya registrado, y peor aún, un horrendo crimen sin resolver y que hoy prescribe.

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