Un papá que superó al Coronavirus: “Estoy muy feliz de estar en mi casa, de disfrutar a mis hijos a concho”

Por: Ignacio Palma

Iván Alpes Sobarzo (58 años), admite que sólo dos veces en su vida se ha sentido realmente complicado. La primera, cuando operaron a su hijo menor en Punta Arenas y debió estar unos dos meses en la capital regional hasta su recuperación. Y la segunda, le ocurrió en marzo pasado, cuando a él y a su hijo mayor le diagnosticaron Coronavirus en Puerto Williams, y producto de los graves síntomas que les aquejaban, debieron ser aeroevacuados de urgencia hasta el Hospital Clínico de Magallanes.

En esos momentos críticos y de incertidumbre, Iván no tenía otros pensamientos más que en su familia. “Pensaba en mis dos hijos, porque uno se fue conmigo, que también estaba con Coronavirus. Estaba preocupado porque él es asmático. Pensaba que iba a estar peor que yo, que le iba a costar respirar. Después pensaba que, si me agravaba, quién iba a apoyar a mi hijo menor, y más encima a mi hijo mayor también. Así que esa parte la pasé bastante dura. Realmente me corrieron las lágrimas pensar en mis hijos que prácticamente iban a quedar solos con su mamá”, recuerda Iván.

Toda una vida en Isla Navarino

Hace poco más de 36 años, Iván fue padre por primera vez, cuando él tenía 22 años y recién había terminado el Servicio Militar, gracias al amor forjado junto a Nury Coronao, de entonces 19. Su primer hijo, también llamado Iván, nació en un hospital de Paillaco, una localidad cercana a donde residían, en Futrono, en la actual región de Los Ríos. Respecto a esa primera sensación de ser padre, Iván recuerda que fue “extraño, porque no sabía nada de cómo ser papá. Ilusionado hasta cierto momento igual, porque uno piensa cómo va a mantener a la guagua, los trabajos no eran muy buenos allá. Así que quedé pensándolo, hasta que nació y ya quedé enamorado de mi hijo”.

Un día, Iván recibió la oferta de irse a trabajar al sur del mundo, a Isla Navarino. “Yo ya estaba casado con la Nury, y por problemas de trabajo allá, le dije ‘voy a buscar otras oportunidades. Tú me esperas a que yo te mande a buscar o si me va mal, me vuelvo’”, detalla.

Llegó a trabajar solo en la estancia La Estrella, a las afueras de Puerto Williams, donde la nieve en invierno no daba tregua, provocando que estuviera completamente aislado. De acuerdo a Iván, en esos tiempos era tanta la nieve que caía, que las maquinarias se veían imposibilitadas de remover toda la nieve y hielo del camino.

El hombre recuerda que era un buen trabajo, ya que pagaban bien, además de proveerle tener techo y comida. Sin embargo, su familia siempre estaba en su mente. “Yo llegué y me vine por una causa para acá. Después miré para atrás que había dejado a mi hijo y a mi señora realmente sola con su familia, la familia mía, pero no era lo mismo, porque no estaba cerca de ellos”.

Pasaron ocho meses desde su arribo a Isla Navarino, cuando logró reencontrarse con su esposa y su hijo. “Ella venía con Iván en ese tiempo en los brazos, y también con sus maletas. Seguro que todo eso era una preocupación para mí, porque pensaba que estaba sola viajando con su equipaje, con la guagua en brazo. Estaba desesperado porque ella llegue bien. Y ese día que llegó, me puse feliz. Mi hijo tenía 3 años y medio cuando llegó a acá y fue una alegría grande”, rememora.

Trabajó por algunas temporadas más en la estancia hasta que la familia se trasladó a Puerto Williams. Allí, el padre ejerció diversos oficios como trabajar en una panadería, en la pesca artesanal, en una carnicería de un almacén, como carpintero en la Dirección de Obras y Construcciones de la Armada (Doca) y como empleado de Edelmag. El último trabajo mencionado lo ha desempeñado hace unos 15 años ininterrumpidamente, además de haber creado junto a su esposa el hostal Miramar, en 2008, lugar que además es su hogar.

En 1996, nació su segundo hijo, Felipe. Para el parto, Iván debió quedarse junto a su primogénito, de entonces 12 años, en Puerto Williams. Posteriormente, ambos lograron viajar a Punta Arenas. “Lo conocimos un ratito y pasaron como dos días y se complicó. Lo tuvieron que poner en una incubadora de nuevo, porque le dio como una hipotermia y estuvo como dos meses en el hospital, así que ahí estuvimos nosotros arrendando pieza o una casita y unos amigos nos apoyaron”, recuerda. Después de superar todo lo vivido, la familia completa pudo retornar a casa.

“Estoy conforme de que los pude sacar adelante, especialmente a mi hijo mayor. Sé que tengo que seguir luchando por el menor, porque él tiene epilepsia y le cuesta trabajar solo, entonces, tengo que luchar para que él tenga la forma de sobrevivir en la vida cuando yo desaparezca”, relata Iván.

Ganándole al Coronavirus

Fue a mediados de marzo pasado, cuando comenzaron a conocerse los primeros casos de Coronavirus en Puerto Williams, que Iván decidió ir al Hospital Comunitario Cristina Calderón para vacunarse contra la influenza. Nunca había hecho esta acción en su vida, pero su hijo mayor tenía una hija de entonces 3 meses, por lo que quería resguardar su salud y la de los demás.

Tras dos días de haberse vacunado, comenzó a tener fiebre alta. Volvió al hospital y, en medio de la consulta, se sintió peor. Estuvo cuatro días hospitalizado, le confirmaron que era Covid-19 positivo y debió ser aeroevacuado a Punta Arenas. Similares síntomas presentaba su hijo mayor, por lo que también fue evacuado el mismo día, pero en diferente horario.

Iván estuvo seis días en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) del Hospital Clínico de Magallanes, conectado a ventilación mecánica. Luego, lo derivaron a una sala de recuperación. Recuerda que estaba “desesperado por ver al Iván (su hijo)”, pero no podía, ya que estaba en otro piso recuperándose, pero los médicos le decían que estaba bien y próximo a estar de alta.

Mientras estaba en aquella sala de recuperación, Iván estuvo dos días respirando mal, pensando que iba a salir adelante por las suyas. “Pero no, de ahí me dio otra crisis gigantesca. Quedé sin aire, sin voz, sin nada. Tuvieron que rápidamente enviarme otra vez a la UCI, volvieron otra vez a entubarme, y volví a estar ahí otros tres días entubado y otros dos días entubado pero despierto, para ver cómo funcionaban mis pulmones. La segunda vez la pasé muy mal, porque ya me daba cuenta que estaba bastante complicado”.

Iván estuvo muy cerca de ser trasladado a Puerto Montt, ya que no quedaban ventiladores en Punta Arenas. Sin embargo, el equipo del Hospital Clínico de Magallanes logró reabastecerse de ellos y pudo quedarse en Punta Arenas. Logró recuperarse en el recinto de salud, estuvo su último período en una residencia sanitaria y pudo viajar de regreso a Puerto Williams.

En su retorno, debió permanecer en cuarentena, en una habitación independiente de la casa, para finalizar su recuperación. Su hijo mayor también estaba en cuarentena en su hogar, por lo que fue recibido por su esposa y su hijo menor. “Mi señora estaba feliz, mi hijo igual. Nos corrieron las lágrimas a todos, porque estaba de vuelta. La verdad, fue bastante complicada la parte que pasé yo. Y hay que comprender que hay mucha gente que en este tiempo se está muriendo por la misma situación que pasé yo, y gracias a Dios yo estoy ahora hablando y conversando contigo”, dice Iván durante la entrevista vía telefónica.

Y agradece a todas las autoridades y comunidad de Puerto Williams que de alguna u otra forma lo apoyaron en sus momentos complicados, como lo denomina él, tanto cuando ocurrió la operación de su hijo menor como el proceso de recuperación del Coronavirus que debieron pasar él y su hijo mayor. Ya sea a través de colectas, mensajes, llamadas o cadenas de oración, recibió un total apoyo. “Es increíble que acá, en un pueblo chico, cuando haces bien las cosas, la gente te estima y te trata de ayudar, de salir adelante, de subirte el ánimo. Eso es lo que tiene el pueblo acá en las dos veces en la vida que he estado complicado”, enfatiza.

Hoy, en una nueva celebración del Día del Padre, Iván se emociona y sin dudarlo dice que se siente “¡Feliz! ¡Feliz!”. “Gracias a Dios hoy día estoy muy feliz de estar en mi casa, de disfrutar a mis hijos a concho, y sé que cualquier papá que pase algo así va a pensar igual que yo (…) Un café que me tome con mi hijo y que me diga ‘feliz día papá’, con eso estás claro que lograste estar, y mirar para atrás que pudo ser que no haya podido estar, haber estado en otras circunstancias. Mi hijo a esta hora habría estado con la vida partida de que el Día del Padre su papá no esté y yo lo mismo. Feliz de pasarlo una vez más con mis hijos (…) Ahora tengo a mi nieta acá regaloneándola. Soy un papá feliz, realmente”, culmina.

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