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Columnista

Evelyn Gómez: ¡Te emparejaste con un narciso!

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¿Cómo es él? Carismático, elocuente, un encantador, “el príncipe azul” infiel. Es un hombre brillante, le encanta hacerse el entendido y que lo escuchen. Está muy seguro de sí mismo. Es divertido, a menudo transgresor. Necesita ser el centro de atención, busca emociones fuertes y constantes. Es autorreferentes y presenta dificultades para comprender las emociones de la pareja. Parece estar en contacto con las omnipotencias y a la vez con los abismos. Cuando están bien consiguen sentirse llenos de energía y disfrutar de la vida. Cuando están mal descargan su sufrimiento, sobre sí mismos y sobre quien está cerca de ellos. En el ámbito familiar, muestra su debilidad a través de la depresión, el mal humor, los silencios, la falta de energía, o bien, a través de una demanda constante de aprobación. Culpa y castiga por sus problemas y aburrimientos a los demás. Cuando te dicen “te amo” siempre significa “te amo en este momento”, después no sé.

Les atraen las mujeres que se opongan a ellos, que digan lo que piensan y lo defiendan con energía. La mujer debe ser un desafío y no se espera que se sometan fácilmente. Esa mujer de energía y fuerza, sirve como un espejo de las características del narciso. Desean a una mujer parcial, huidiza, que no dedica mucho tiempo al otro y, que aparentemente no espere ni pida compromiso. Lo cierto, es que se aburren pronto. De un día para otro se transforman en un desconocido y, las mujeres quedan destruidas culpándose por el fin de la relación. A ellos no les preocupa para nada el sufrimiento provocado a la pareja “que fue”.

Las mujeres que tiene relaciones con narcisos, frecuentemente se quejan de la ambigüedad de sus parejas, porque constantemente se sienten amadas y odiadas, al mismo tiempo. Es frecuente que los narcisos sientan que la mujer que han elegido se ha convertido en todo lo que no soportan.  Y por otro lado las mujeres se quejan fundamentalmente de cuatro sensaciones: se sienten fundamentales y necesarias para el otro, sin embargo, perciben que no son la prioridad en la vida del otro. Sienten que no pueden capturarlo nunca y, nunca pueden finalizar la relación por el temor a perderlo a cada momento.

Es este sentido de precariedad que hace que las mujeres de los narcisos estén exclusivamente atentas de la pareja, dispuestas siempre a gratificarlo, desencadenando inevitablemente el rol de verdugo en el otro. Esta sensación de precariedad es resultado de la tendencia del narciso a escapar. Sucede que él tenderá a privilegiar otros aspectos para hacer que su pareja no sea demasiado esencial, evitando de este modo la dependencia. Estos hombres, en la relación son frustrantes porque raramente mantienen constante con el tiempo el sentido de “nosotros”, que hay que reforzar a menudo: unas veces se aferran a él como si fuera un salvavidas, y en otras reniegan de la pareja y sienten a su compañera como “obsesiva con sus peticiones”.

Para no dejarse llevar por esta sensación de precariedad que acompaña a las mujeres en las relaciones con los narcisos, es fundamental desarrollar al máximo la autonomía, crear espacios personales, no anular las propias necesidades y deseos, para mantener –si insistes en una relación frustrante- la difícil conexión con la pareja Narcisa.  Pero es recomendable para evitar un dolor incesante, poner fin a ese tipo de relación y, poner ojo en el futuro cuando busques pareja, porque de seguro te encontrarás con otro parecido.

Las opiniones vertidas en este espacio son responsabilidad de quienes las emiten, y no representan necesariamente el pensamiento, creencia o criterio de El Magallánico. No obstante, son valoradas, respetadas y aceptadas con una mirada pluralista, abierta al diálogo y al entendimiento con el cual se ha nutrido históricamente esta región, gracias a la riquísima diversidad de su gente.
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